Autor: Sándor Márai
En estos días convulsos en los que vivimos, donde nuestro
distinguido rey se ha roto una cadera en el transcurso de una peligrosa cacería
en la profunda África negra personalmente he estado leyendo una corta pero
intensa novela que nos transporta a tiempos de cacerías y bailes imperiales en
la época del desaparecido imperio Austro-Hungaro.
En “El último Encuentro” Sandor Marai nos cuenta la historia
de la amistad entre dos hombres en una época en la que, quizás, los términos
nobleza y lealtad tenían un poco más sentido que hoy en día.
Básicamente la novela se centra en una larga y pausada
conversación que tienen estos dos amigos en la parte final de sus vidas tras 41
años sin verse después de que uno de ellos, Kònrad, de origen polaco y
temperamento artístico, traicionase al protagonista.
Los dos protagonistas se conocen mientras desarrollan su
carrera en una escuela militar y desde el primer momento su amistad adquiere un
grado de compromiso que no se si en nuestros días, en el período social en el
que estamos, podría producirse. En un
momento crítico de sus vidas se produce el hecho que los separa tras el cual se
podría decir que el general, segundo de los protagonistas, de origen noble y
heredero del castillo en el bosque donde se produce el encuentro, se pasa el
resto de su vida preparando pacientemente el momento en el que su amigo regrese
para pedirle explicaciones.
La novela comienza cuando, tras volver de una cacería
solitaria en los bosques aledaños del castillo, el general recibe una carta
anunciándole de que Kònrad le visitará esa misma noche. Tras cuatro décadas de
espera se podría decir que todo el desarrollo de la novela se centra en la
conversación, aunque casi podríamos decir monólogo, Kònrad apenas interviene,
en la que el protagonista analiza la historia de su amistad, de la traición, y
desgrana con meticulosidad algunos de los más profundos valores y sentimientos
humanos.
La amistad, la lealtad, la traición en contraposición, el
amor, la soledad, la espera de la muerte como complemento de esta, son algunos
de los temas que se desgranan a lo largo de esta conversación.
Como he leído en alguna otra
reseña sobre la novela,
probablemente esta sea una lectura que se tenga que realizar en la madurez para
llegar a asimilarla del todo. Mucho me temo que últimamente repito esto mismo,
en muchas de mis reseñas. No sé si estaré buscando respuestas en muchos de los libros
que escojo para leer (y escribo esto mientras escucho en la televisión la
música de cabecera la insoportable Dora la exploradora, eh, aquí el kit de la
cuestión de lo que quería contar en esta reseña).
Pero el detalle de la novela que se me ha quedado rondando
en la cabeza desde que acabe de leer la misma, más que lo que nos pueda
aleccionar sobre los valores anteriormente citados, es precisamente la
capacidad de desarrollar una conversación sosegada fruto de la reflexión como
la que se desarrolla en la novela.
Tengo que reconocer que me ha producido cierta dosis de
envidia y nostalgia dejarme llevar por una conversación profunda a la luz de
las velas, en un escenario tosco, con una tormenta lejana acercándose, con un
tema contundente para desarrollar, con todo el tiempo del mundo para hacerlo.
No sé, tengo la sensación de que la gente de mi generación,
en este momento cultural y social que nos ha tocado vivir, ya no tenemos la
capacidad de reflexión necesaria para poder mantener una conversación de este
tipo. Y a mi experiencia me remito,
¿Cuántas conversaciones sosegadas y realmente profundas habré desarrollado a lo
largo de mi vida?. Quizás recuerde tres o cuatro aproximaciones más o menos
cercanas a lo que estoy contando. Entenderme, no me refiero a hablar de algo
realmente importante en nuestras vidas, una traición de vida como la que se
cuenta en el libro.
Me refiero más bien a la capacidad consciente de desarrollar
un tema de conversación más o menos profundo, en un ambiente relajado, con un intercambio
inteligente de puntos de vista, y sin que salga el último gol de Mesi o de
Cristiano en la conversación. Creo que la tertulia como tal a muerto, que hoy
en día ni siquiera está bien visto hablar demasiado tiempo sobre un único tema,
y que la capacidad de reflexión en nuestra sociedad está cada vez menos
valorada.
Hoy en día lo que se lleva es saltar de un tema a otro, criticar
un poco a los políticos, hablar luego del último Barça-Madrid, interrumpir después
para mostrar la última aplicación que
nos hemos instalado en nuestro SmartPhone y, y si es necesario darle un punto
de humor a la conversación, beber dos o tres cervezas de más para que el
alcohol rellene los huecos dejado por nuestra falta de sentido de humor
inteligente.
Supongo que entre los intelectuales aun se mantendrán
conversaciones de ese tipo, o eso quiero creer, pero para la plebe en general
creo que toda esta forma de comunicación, si es que ha existido alguna vez,
está desapareciendo por completo (y esperar que el PP acabe de hacer sus
recortes en educación, cuando de nuevo los único que puedan a estudiar en la
Universidad sean los adinerados).
Y si en mi generación ya veo un salto, un salto en caída sin
paracaídas más bien, insalvable en este sentido, ¿qué será de la siguiente
generación creciendo con el WhatsApp (o como se escriba) y las consolas?. ¿Le
encontrará el sentido esta generación a hablar de según que temas? ¿Tendrán la
capacidad de hacerlo?.
En fin, espero equivocarme por completo y que mis
reflexiones no sean más que las tonterías típicas de mi edad J. El libro más que
recomendable, le doy las 5 estrellas que se merece un clásico de estas
características.